Uno de los alimentos por excelencia en nuestra dieta es el pollo. Su carne es baja en grasas, además de muy buena para el organismo. Aporta proteínas que ayudan al fortalecimiento de la musculatura y al buen funcionamiento del cuerpo humano. Asimismo, es un alimento accesible a todos los bolsillos, ya que es una de las carnes más baratas que hay en el mercado. Por lo tanto, ir a comprar un pollo se ha convertido en un hábito saludable para muchas familias españolas.

 

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El pollo se puede comprar entero o por partes, todo dependerá de la manera en que se quiera cocinar. Si se compra troceado se empleará para recetas más específicas, mientras que si se compra entero será para hacer al horno de la manera más natural.

 

Comprar pollos : todas las partes que se pueden comer

Todas las partes del pollo son comestibles y se pueden emplear para cocinar. Sólo hay que saber distinguir para qué tipo de recetas son adecuadas y así se les dará el uso correcto. Cuando se habla de las partes del pollo se suele distinguir entre la mitad delantera y la mitad trasera.

 

La mitad delantera está compuesta por las siguientes partes:

 

El cuello, una delicia para preparar sopas y caldos

Se suele emplear para realizar fondos de caldo o salsas, ya que tiene mucho sabor. Antes de cocinarlo hay que retirarle la piel y limpiarlo adecuadamente.

La carcasa da sabor a muchos fondos de cocina

Comprende los huesos que conforman las costillas y la columna. Al igual que el cuello, se utilizan para realizar caldos y fondos culinarios.

Los cuartos delanteros: la pechuga y alitas de pollo

Son lo que popularmente se conoce como pechugas y alitas de pollo. Tienen mucho éxito entre el público pues, a pesar de que tienen poca carne, son muy sabrosas y fáciles de cocinar. La manera más habitual de consumirlas es frita o tostadas en barbacoa.

 

Esto por lo que se refiere a la mitad delantera. La parte trasera está compuesta de las siguientes piezas:

Los muslos, la comida favorita de los niños pequeños

También se le conoce con el nombre de jamoncito. Antes de cocinar se le retira la piel pero no se trocea. Se puede freír o saltear y, en ocasiones, se emplea para la preparación de arroces como la paella.

El contra muslo, perfecto para hacer asado o empanado

Se le da un uso similar al muslo, aunque éste se puede trocear. Frito, al horno o empanado son las formas más habituales de verlo cocinado.

 

Al margen de las dos mitades del pollo, quedan piezas sueltas que también son comestibles:

 

Las patas, un manjar para los chinos y japoneses

La unión europea prohíbe el consumo de las patas de gallo o gallina. Sin embargo, en los países asiáticos son consideradas un manjar y se las suelen comer fritas.

El hígado, una fuente de hierro y muchas vitaminas

Se puede cocinar de muchas maneras, frito y con un poco de sal es una de ellas. También se puede incluir en el cocido y comerse después junto a la sopa. Hay gente que le entusiasma el hígado y lo come a la plancha y con salsa, o con un poco de aceites y especias por encima.

El corazón, lo mejor para los expertos en cocina

Al igual que el hígado, se puede emplear en la elaboración de cocidos o sopas por su fuerte sabor. Pero también puede freírse y comerse con un poco de sal y pimienta. El corazón tiene muchas propiedades como vitaminas A y C, hierro, fósforo y zinc. Los expertos en cocina lo consideran una delicia.

La molleja, muchas posibilidades a la hora de cocinar

Son las vísceras de la gallina y son muy buenas para el organismo porque contienen mucho fósforo. Se puede preparar asada, escalfada e, incluso, salteadas junto a verduras y jamón.

 

Como se ve, los usos de estas partes son muy distintos y van desde emplearse para dar sabor a los caldos hasta freírse y comerse solos. Eso ya va al gusto de cada comensal.

 

Proceso de compra de pollo: qué hay que saber

Adquirir pollos no consiste sólo en ir a una tienda y comprarlo, sino que hay toda una cadena de trabajo detrás.

 

Las granjas, el lugar donde se crían los pollos

Los pollos se suelen cultivar y desarrollar en granjas o criaderos especializados para ello. Durante un periodo de tiempo corto, de pocos meses, se alimenta a los pollos con distintas técnicas para que crezcan rápido y se puedan sacrificar para su venta. Las comidas más habituales con las que se alimenta a los pollos son el maíz, el tomate y los concentrados con hormonas para que se desarrollen en poco tiempo. Esto es lo que condiciona el color de los pollos, que pueden ser rosados, amarillos o blancos.

Una vez que los pollos ya han adquirido el tamaño necesario para su venta, se les sacrifica y se les saca al mercado. Aquí es donde cobra importancia la figura del distribuidor. Él es quien se encarga de hacer llegar los pollos al establecimiento de venta, bien sea un supermercado, una carnicería o una tienda de ultramarinos.

 

El distribuidor es quien se encarga de comercializar pollos

El trabajo del distribuidor es muy importante porque él es quien conoce al cliente final y sabe cuáles son sus necesidades. También es el que conoce el sector y su funcionamiento, así que puede adaptar los pedidos y el coste de los pollos en relación a lo que esté ocurriendo en el sector. Si sabe lo que está haciendo la competencia podrá adaptar sus ofertas y hacerlas más competitivas.

 

Los puntos de venta finales donde comprar los pollos

El último paso en el proceso de comprar un pollo corre a cargo de las tiendas en las que se comercializa. Un aspecto positivo del pollo es que se puede comprar en casi cualquier parte, pues los hay tanto en el mercado como en las carnicerías y los supermercados. Los dependientes de estos establecimientos son los que se encargarán de manipular el animal en función del gusto del consumidor. Si lo quiere entero se le entregará así y si lo quiere troceado, lo deberán partir al gusto del cliente.

 

El pollo es un alimento esencial en una dieta

El pollo es un alimento fundamental para cualquier persona. Tiene muchos aspectos beneficiosos para la salud y aporta multitud de nutrientes al organismo. Por ello, todos los médicos y nutricionistas recomiendan su consumo habitual.

La principal sustancia que aporta el pollo son las proteínas. Éstas dan energía al organismo y son buenas para el desarrollo de los músculos. Un ejemplo claro de esto son los deportistas, quienes se alimentan habitualmente de pollo por el aporte energético que les genera. A parte de las proteínas, el pollo también tiene vitamina B y minerales como el ácido fólico que mejoran el funcionamiento del cuerpo humano.

Por todos estos aspectos, el pollo está especialmente recetado para los niños y las mujeres embarazadas. Los niños deben alimentarse habitualmente con pollo para favorecer su desarrollo y crecimiento. Se les recomienda sobre todo que lo coman entre los 2 y 10 años, que es la etapa de mayor crecimiento para el niño.

En cuanto a las embarazadas, se les suele incluir el pollo en la dieta para que no se produzcan malformaciones en el feto. Comer pollo evita que el bebe pueda desarrollar una espina dorsal bífida, que es una enfermedad que afecta a la parte ósea de la columna vertebral.

 

El producto del pollo

En resumen, comprar este tipo de alimento se debe convertir en un hábito para todas las personas. Es un alimento beneficioso para la salud y, por lo tanto, esencial en nuestra dieta.