La venta de pollo se ha extendido mucho ya que es uno de los alimentos que más se consume en los hogares españoles por muchas razones. Por un lado, es un alimento nutritivo que aporta muchas proteínas al organismo y no contiene muchas grasas. Por otro, su precio es bastante bajo en comparación con otro tipo de carnes. También gusta porque se puede preparar de muchas maneras y es fácil de cocinar.

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Por todo esto, la vender pollos es uno de los negocios que mejor funciona en nuestro país y genera muchos beneficios a las empresas que se encargan de su distribución. En el siguiente artículo desgranaremos los entresijos del negocio de venta  de aves

 

Venta de pollo rápida

Para conseguir una venta de pollo numerosa y eficaz hace falta cumplir una serie de requisitos. Por una parte, se tiene que ver la calidad de los pollos. Esto se comprueba mediante el color, que tiene que ser blanco o rosáceo. Si el pollo tiene estas tonalidades significa que es fresco y que no ha perdido sus propiedades nutritivas.

Otro aspecto es la refrigeración constante. Los pollos tienen que conservarse en un lugar fresco y adaptado para ello. Deben conservarse a una temperatura adecuada y hay que intentar no romper la cadena del frío, ya que si no pueden hacerse malos.

Por último, deben venderse en el menor tiempo posible, pues cuanto más tiempo pase desde el día en que se sacrificaron peor. Cada día que pasa van perdiendo sus nutrientes y pueden resultar dañinos para el consumidor.

 

Tipos de pollo

Existen distintas tipologías de gallos y gallinas en función de su tiempo de crianza y de su alimentación. Si se les alimenta con maíz tendrá un color amarillento; si se les da tomates, su carne será rojiza; y si son alimentados con concentrados, su tonalidad será blanca. A parte de al color, la alimentación también afecta a la carne, ya que tendrá un sabor distinto.

Al margen de todas estas especificidades, existen dos tipologías de pollos que son las más comunes: los pollos nudis y los pollos nigger.

Pollos Nudis: Tienen mucho sabor y son de excelente calidad, aunque no tienen muchas cantidad de carne porque crecen muy rápido. Son pollos a los que se les puede alimentar con todo tipo de comida, desde maíz hasta concentrados. Sólo se recomienda no darles hormonas de crecimiento porque perderán el sabor y, por lo tanto, la calidad de la carne.

Pollos nigger: Son perfectos si lo único que se desea es aprovechar su carne. Se caracterizan por el tamaño, ya que son bastante grandes. Además, tienen mucho sabor y son perfectos para tener en criaderos junto a otros animales.

 

Cómo preparar el pollo

Existen millones de recetas para preparar el pollo, pues es un alimento muy polivalente que acepta todo tipo de condimentos y de técnicas de cocción. Pero, como en todo, hay formas que sacan a relucir sus propiedades más que otras.

Pollo asado:

Es la forma en la que el alimento queda lo más natural posible y aporta su sabor real. Se puede elaborar fácilmente en el horno de casa, añadiéndole algunos condimentos como patatas o champiñones. También se puede aliñar con especias o vino blanco para darle un sabor más característico.

Pollo rebozado:

También se le llama pollo empanado y es una de las recetas favoritas de los más pequeños. Se trata de rebozar la pechuga o el muslo de pollo en pan rallado y después rebañarlo en huevo batido. Luego, se freirá durante unos minutos en una sartén con aceite y cuando adquiera un tono dorado estará listo para consumir.

Pollo al ajillo:

Consiste en trocear el pollo en varias partes y dejarlo dorar en una cazuela con un fondo de aceite. Cuando ya adquiera un poco de color, se le añadirán dientes de ajo troceados que le darán más sabor al pollo. Por último, se rociara el pollo con un vaso de vino blanco y se dejará a cocción lenta durante 45 minutos.

Pollo a la cerveza:

Se trocea el pollo en cuartos y se dora en una cazuela con sal, aceite y pimienta. Cuando ya tiene color se le añade verdura picada y se rehoga el pollo con cerveza. El último paso es añadir un poco de harina para que la salsa se espese y ya estará listo para servir en el plato.

Pollo a la canela:

Se pica la cebolla muy fina y se pocha en una cazuela con aceite de oliva. Cuando la cebolla esté bien pochada se añaden los muslos de pollo, los dientes de ajo y el palo de canela. Una vez que los muslos estén dorados, se añade un poco de vino blanco para dar sustancia al caldo y se deja cocer durante 20 minutos hasta que el alcohol se evapore.

Pollo con chocolate:

Se salpimenta el pollo, se reboza en harina y se fríe en la cazuela a fuego fuerte hasta que se dore. A continuación, se añaden las verduras troceadas, se vierte una copa de coñac y se flambea. A los veinte minutos se extraen los trozos de pollo de la cazuela y se pasa la salsa por el pasapurés. Después, se vuelve a verter la salsa en la cazuela y se añade el chocolate. Por último, se cocina a fuego lento hasta que esté todo integrado.

Pollo con salsa de yogurt y nueces:

Se rocía el pollo con salsa de limón, se salpimenta y se deja dorar a fuego fuerte en una cacerola. Cuando esté dorado se vierte vino y se lleva hasta la ebullición. Tras esto, se agrega el caldo y se añade una hoja de laurel para dar sabor. Al mismo tiempo se trituran las nueces y el ajo en una batidora hasta que quede todo revuelto en una misma salsa. Cuando el pollo esté en su punto se saca del fuego y se le vierte la salsa de nueces. El último paso es añadir el yogur al caldo de la cacerola y cocer a fuego lento cinco minutos. Como toque final se puede espolvorear un poco de perejil para darle sabor.